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Mi Historia con EP – David Henríquez G.

Mi Historia con EP – David Henríquez G.

Aún recuerdo ese 2008, cuando noté que cosas tan cotidianas como cepillarme los dientes eran verdaderos retos para mí. “Eso no puede ser normal. ¿Qué será lo que yo tengo? Porque definitivamente tengo algo”, me decía en esas conversaciones conmigo mismo, sin atreverme a compartir mis temores con nadie más. No imaginaba el inicio de una enfermedad que marcaría el rumbo de toda mi vida.

Fue una fotografía la delatora. Ella me mostró una realidad que me negaba a enfrentar: mi brazo derecho recogido en un 75% y mi postura como la de un “ROBOT”.

PRIMER ROUND: “EL AISLAMIENTO”.

Imaginen en una esquina del cuadrilátero a las personas de mi entorno y sus derechazos: “¿Por qué caminas así?”, “¿Por qué tiemblas?”... y a mí, en la otra esquina, a la defensiva: “No quiero ir”, “No pasa nada”, “Es la cervical”…

Me realicé una electromiografía, y fue ahí que el fisiatra me dijo: “Usted tiene Parkinson”, y me refirió a un neurólogo, quien lo confirmó.

SEGUNDO ROUND: “LA ACEPTACIÓN”.

Aceptar que tengo un desorden neurodegenerativo cuya causa se desconoce, que no es contagioso ni mortal pero que aún no tiene cura… ¡Wow! Qué sencillo aceptarlo de la noche a la mañana.

Entonces te miras al espejo y te dices “Tengo Parkinson” pero además te miras en las caras de los otros y enfrentas la realidad cuando les revelas la verdad.

Es un proceso complejo, sobre todo porque lo único que sabía del Parkinson era que lo padecían algunos famosos y el abuelo de alguien. Creo que me costó asimilar lo que tenía justamente porque desconocía de lo que se trataba.

TERCER ROUND: LA GRAN PARADA- ESTACIÓN VIVIR

¡Qué diferencia! La gran parada la vives cuando sales del aislamiento y te enfrentas de nuevo a tu realidad, de aprender a vivir con una enfermedad.

David Henriquez con su familia

Aprendí a ver las cosas bajo una perspectiva diferente. A aprovechar cada minuto, convencido de que no habrá otra oportunidad igual que el tiempo no se detiene y que valoras más la vida que cualquier otra persona. En este round entendemos que nuestros seres queridos son lo más importante y que el amor que compartimos es lo trascendental. Nos sumergimos, acompañados del mundo entero, en esas 9 letricas: ¡Parkinson!

No sé cuántos rounds más tenga esta contienda, pero ahora estoy convencido de que al final habré ganado la pelea…

Cada día para mí es una nueva oportunidad que nos da la vida y Dios, para seguir compartiendo con nuestra gente. No hay límites, salvo los mentales y yo no les doy cabida. La aptitud y actitud, juntas, son la clave para salir adelante; la disposición de cambiar para nuestro bienestar, llegando siempre al punto inicial: la vida misma.

Para contrarrestar mis síntomas y levantar el ánimo hago mucho ejercicio a diario y cuando no ando en vehículo, me traslado en bicicleta.

Cada mañana despierto dando gracias a Dios por el nuevo día y hasta cantando, pero físicamente nada fácil, trancado y congelado. Es ahí que me siento iluminado por ese afán de estar más vivo cada día. Ayudado con mis medicamentos, logro ser quien soy: una persona alegre y activa.

Cualquiera que sea tu creencia religiosa yo comprendí, que uno es de donde viene, que la soledad mata cualquier proyecto que te propongas.

Ya son 13 años desde mi diagnóstico, pero faltan muchos días por venir que, con la gracia de Dios, mi esposa, mis dos bellos hijos, mi madre y mi familia y amigos harán de mi vida una historia que con orgullo mantiene viva la esperanza de una cura, un milagro.

Reflexión: “El problema NO es morirse, el problema no es fallecer, lo importante es qué hacemos mientras tanto”.

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